12 de abril de 2012

AT. MADRID-R. MADRID (1-4): CON CRISTIANO ES SUFICIENTE

Muchas veces he criticado –quizá de forma estéril- a Cristiano Ronaldo. Esos juicios, influenciado parcialmente por la persona más allá del futbolista, están basados en una concepción global del fútbol; la única que tengo. Esa misma que me hace coincidir con la apreciación que vierte Ángel Cappa sobre el portugués: “Cristiano juega con lo que le dio la naturaleza, que es muchísimo, pero no mejoró nada, ni lo va a hacer, en la medida que siga siendo el ególatra que es”. Yo matizaría que Cristiano (desde ahora CR7, que suena más cool) sí ha mejorado, ha crecido; es mejor. No es el mismo imberbe que debutó en el United, sino que ahora es más fuerte, más potente, más goleador. Pero creo que Cappa se refiere a otra dimensión del juego: LA COLECTIVIDAD, y ahí sí que coincido de pleno con él. El portugués, prodigioso en lo técnico e inigualable en lo físico, continúa siendo un jugador deficitario en el fútbol asociativo. Hasta tal punto que él solito, por su peso, se llega a comer el juego del equipo.
¡Qué forma de empezar una crónica! Sinceramente no creo que sea la mejor, pero si la más idónea para tratar de analizar el derbi de ayer, en el que el luso lo acaparó todo.
Y es que no vamos a contar la película entera desde su inicio. Lo primero porque no fue memorable; lo segundo, porque seguro que la viste; y lo tercero, porque centrándonos en el actor principal nos sobran –casi, casi- los secundarios. No obstante conviene hacer algunos apuntes y rescatar otros detalles del partido:
-          La puesta en escena de ambos conjuntos fue la ya esperada: ningún interés en dominar un partido que ambos querían resolver a la contra. Los colchoneros sólo veían la luz cuando Diego, de los pocos con la personalidad necesaria para tomar responsabilidades, agarraba el balón. Del brasileño llegaban las ocasiones más nítidas. Por parte de los blancos, ni Xabi Alonso, ni por supuesto Khedira, eran capaces de coger el timón. Nos encontrábamos ante un partido sin mediocampo, no ya por incapacidad, sino por principios credenciales.
-          A colación de esto, Xabi Alonso no vive sus mejores días en el Madrid. Su protagonismo en el juego ha caído estrepitosamente, y su cansancio es más que constatable. Físicamente le cuesta mucho más completar las transiciones ataque-defensa (en las que antes era siempre el primero en llegar), mientras que mentalmente y con balón está anclado, esclavo del plomizo peso de sus botas; cada vez le cuesta más encontrar y generarse líneas de pase clarividentes.
-          Se constató un hecho que creo va a ser una constante en muchos de los rivales del Madrid: buscar las cosquillas a Pepe. Sistemáticamente, en cada falta del portugués, los jugadores rojiblancos se agolpaban frente a él en un cruce de insultos deleznable. No contentos con ello, incluso Godín –la versión colchonera y cutre de Pepe- fue a su encuentro en un córner en contra; agresión que no vio el árbitro.
-          El Atleti es un embudo. Su tendencia a jugar por el centro repetidamente facilita muchísimo las cosas a su adversario. Ayer, el Madrid sabía que con tapar las incorporaciones de Juanfran y Filipe le bastaba. El Atleti carece de extremos que fijen la banda, tan sólo Arda lo hace de manera tímida, siempre para ir hacía el medio y casi nunca con la agresividad e intensidad necesaria. El resultado fue obvio, los laterales del Madrid (sobretodo Coèntrao, que veía venir de lejos el peligro) apenas sufrieron, porque sus pares no existían.
-          Además, este sistema de juego favorece muy poco las condiciones de Falcao. Éste tenía que caer en alguna ocasión a banda, dónde sus virtudes se diluyen y sus carencias se acentúan. El “Tigre” no es Agüero, no acostumbra a generarse sus tiros, no encara al rival, ni destaca en velocidad. Su fútbol se desarrolla en el área, dónde sí marca las diferencias. Su capacidad para la anticipación, su salto y su inconmensurable remate de cabeza beben de los centros laterales. Así vino, precisamente, el gol del empate a uno colchonero.
-          Antes de ese empate; CRISTIANO, dueño y amo del partido, ya había desequilibrado el mismo. Su influencia no había sido la propia de quién maneja el partido desde el medio, de quién llega constantemente a puerta, de quién supera una y otra vez a su adversario. No. El sometimiento de CR7 había sido tan simple y primitivo como coger un balón parado a 35 metros de portería, y depositarlo violentamente en la red. La “bomba inteligente” confundió a Courtois, a quién disculpo, no ya por la plasticidad de su estatua, sino porque el vaivén inconsistente de la pelota (más Nivea que Nike) exculpa a cualquiera. Sinceramente no creo que haya “cantada”.
-          Desde ese momento, ni el Madrid ni Cristiano volvieron a existir. Hasta el gol de Falcao, que de nuevo lo cambia todo. En ese instante el portugués de Madeira se vuelve a sentir necesario, imprescindible; en un papel que adora, el de salvador heroico. Y eso fue a orillas del Manzanares; nuevamente caza el cuero, esta vez en movimiento, lo controla, se perfila y zurriagazo… Courtois falla. Para mí esta vez sí (curiosamente pienso al contrario que la opinión pública). Este balón, a pesar de su violencia y caída plomiza, creo que era más atajable y previsible que el primero.
El caso es que Cristiano ha dinamitado ya el partido. No recuerdo, más allá de los goles, jugadas suyas de demasiado mérito, ni excesiva influencia sobre el juego colectivo. Pero esta vez, su individualismo ha servido al bien grupal. Su equipo, tremendamente romo y atascado, continúa vivo por dos genialidades del portugués.
-          Benzema, un delantero con alma de centrocampista, vivió una noche aciaga. Su fútbol asociativo, dinámico y combinativo, némesis del de Cristiano Ronaldo, suele hacer jugar a su equipo. Su partido, flojito como en pocas ocasiones esta noche, quizá pueda suponer una de las más acertadas explicaciones al poco caudal futbolístico de los blancos. Si a su gris actuación, añadimos la no mucho más lúcida de Kaká y Özil (que entre los dos suman uno), la inoperancia de Alonso y Khedira, y la todavía precaria puesta a punto de Di María, hallamos la complicada respuesta al críptico partido blanco.
-          El caso es que el segundo mísil de Cristiano tumbó a los rojiblancos. Godín terminó por cavar la tumba en un penalti tan tonto como innecesario (una muestra más de que no se puede vivir el fútbol a dos mil revoluciones), para gloría de CR7 y de su cuádriceps. Gracias por mostrárnoslo.
-          Por último, Callejón se sumó a la fiesta portuguesa, con una celebración también para enmarcar. ¡Qué bonito es el fútbol!

10 de abril de 2012

BEN ARFA: VERTICALIDAD Y GOL


Estamos, sin duda, ante el gol del fin de semana. Una obra de arte que permite a los magpies seguir soñando con esa plaza Champions que les devuelva al escaparate europeo -empatados ahora mismo a puntos en la 4ª plaza con el Tottenham-.

El gol tiene, por encima de cualquier otra cosa, VERTICALIDAD. Evoca a otros grandes goles anotados por leyendas como Maradona, Ronaldo o Messi, pero éste probablemente sea el gol más vertical, directo y lineal que jamás haya visto. Apenas hay quiebros, amagos o gestos técnicos prodigiosos, más allá de un primer control orientado impecable para sentar a su primer defensor, y de una conducción vertiginosa sobre un raíl que le lleva hasta la portería. 60 metros, 6 toques al balón y poco más de 6 segundos para batir al portero con sencillez. Maravillosa jugada, sin ornamentos, ni florituras.

A veces el fútbol es tan primitivo...

8 de abril de 2012

ZARAGOZA-BARCELONA (1-4): SIN BALÓN TAMBIÉN HAY PARAÍSO

Prescindir de Xavi, Busquets e Iniesta supone, en parte, desnaturalizar  un estilo y un modo de entender el juego, sólo accesible al fútbol culé. Por mucha cantera y relevo generacional, anunciado a las mil voces que viene por detrás, estamos hablando de tres de los jugadores más importantes del mundo, e insignias de la filosofía futbolística azulgrana: mantenedores imperturbables del balón, maestros del juego de posición. Pero Guardiola, consciente del maquiavélico calendario que se les presenta próximamente, creyó conveniente dar descanso a los citados jugadores e inyectar moral a un desafortunado Keita en lugar de Busquets, a un inconsistente Thiago en el sitio del profe Xavi, y a Cesc como jefe de una línea medular inédita hasta la fecha.
Obviamente el bajón futbolístico del Barcelona en La Romareda fue considerable. A eso ayudó, y mucho, un Zaragoza enrabietado en su lucha –contra sí mismo y contra el tiempo- por conseguir la ansiada permanencia. Con el apoyo de los suyos, y un sobreexcitamiento inyectado en vena por su técnico Manolo Jiménez, la resistencia maña fue conmovedora. Envueltos por una atmosfera heroica que descendió de la grada al césped, la entrega de los blanquiazules casi rozó premio.
De éste le alejaron ciertos errores puntuales, y mayormente individuales. El primero; un fallo desde el punto de penalti de Aranda, que quedó subsanado por su propio gol minutos después. El segundo; un error de bulto en el juego aéreo por parte de Roberto, que tuvo un castigo ejemplarizante: gol de Puyol. Y el tercero y definitivo; una segunda amarilla de libro a Abraham, que pecó de ingenuo ante su inferioridad con su par, en este caso un extraordinario Alexis. Tres errores de bulto que penalizaron, en exceso, el fenomenal trabajo colectivo maño.
Con los citados fallos cogió aire un Barcelona que sufrió como pocas en lo que va de temporada. Sin balón, su principal y único arma, los culés se enzarzaron en una batalla cuerpo a cuerpo que descubrió sus vergüenzas. Especialmente en una línea defensiva que, si bien ya tenía suficiente con contener a dos puntas tan móviles y correosos como Aranda y Lafita, también tuvo que atender a las fugas que se generaban en el mediocampo. Además, el oasis que suele suponer en el Barcelona la posesión del balón, era ayer una suerte tremendamente complicada de dominar. Estaban, aunque suene fuerte, a merced del 18º clasificado de Liga.
Todo este argumento, que parecía diseñado por el propio Mourinho, se desmontó en 5 minutos trágicos para los intereses zaragocistas. Quizá tuvo que ver también con un bajón físico evidente y entendible. Total, de un 1-0 corto, a un 1-2 implacable en un suspiro, con Messi, como no, como protagonista.
Quedaba por delante toda una segunda parte que se preveía larga para los de Jiménez. Pero nada más lejos de la realidad, sus pupilos lo siguieron intentando, evitando que el Barcelona pisara demasiado el área defendido por Roberto, y creando alguna ocasión de peligro. Los de Guardiola, por el contrario, parecían seguir petrificados, asustados todavía por la ferocidad local. Fue entonces cuando el técnico de Sampedor decidió mover ficha: Busquets dentro, Keita fuera. La inyección anímica fue tan instantánea como demoledora para el Zaragoza.
El recién ingresado en el terreno de juego aportó la pausa necesaria para acceder al balón. Desde ahí sí, el Barcelona dominó y Messi decidió. Pero el recorrido hasta ese punto había sido tremendamente duro para el Barcelona, así como cruel para los zaragocistas.
El 1-4 final no puede llevar a engaño. Cualquier elogio para los de Jiménez se queda corto. La lectura culé debe ser igualmente positiva; pues salvaron un nuevo matchball, un partido peligrosísimo, y los experimentos, si bien no funcionaron, no penalizaron los 3 puntos. En definitiva, el Barcelona supo ganar sin balón, y eso sí que da miedo.

5 de abril de 2012

SEMIS DE CHAMPIONS

Ya está, un año más conocemos a los cuatro equipos más fuertes de Europa. Seguramente algunos no estén de acuerdo con esa sentencia y se acuerden del City, United, Juve, Borussia o incluso Athletic de Bilbao. Pero no amigos, las cuatro escuadras más potentes del viejo continente son, hoy en día: Barcelona, Madrid, Chelsea y Bayern. Porque así lo ha dictado la UEFA Champions League, la competición más elitista y exigente de Europa, que ahora nos va a regalar dos eliminatorias deliciosas, con aroma añejo y ánimo revanchista: Bayern Munich-Real Madrid, y Chelsea-FC Barcelona.



BAYERN MUNICH-REAL MADRID
El enfrentamiento bávaro-madrileño ha sido una constante en la historia de esta competición, regalándonos batallas épicas y polémicas en la historia reciente.
En la actualidad ambos equipos izan la bandera de un fútbol vertiginoso, trepidante y vertical. Inigualable en ese aspecto a cualquier otro equipo en el mundo. Con una pegada brutal, y unas bandas eléctricas, su juego es tan simple, tan natural, como demoledor.
Sin ningún tipo de remordimiento ni rubor, ambos equipos enfurecen cuando atisban debilidad en su rival. Algo que definió un día el Loco Bielsa, estableciendo un paralelismo callejero y  futbolístico: “en las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores. Está el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va a por todo, a matar”. Sin duda que Bayern y Real se adscriben a estos últimos. Agresividad sin compasión.
Por ello la eliminatoria se presenta fascinante, a tumba abierta, sin mensajes crípticos y, esperemos, que sin ataques de entrenador. Jupp Heynckes y Mourinho están demostrando su tremenda valía extrayendo un rendimiento máximo a sus plantillas. El primero lidiando con esa lucha de egos Ribery-Robben, y sacando el máximo provecho de esos dos extremos autoritarios, al servicio de su equipo y de un Mario Gómez que engrosa sus números de manera escandalosa. Mourinho como siempre, conduciendo a sus jugadores al límite, en un tío vivo permanente, que va desde recibir el oprobio del Bernabeú a ser aclamado por otros muchos, pero siempre a un nivel competitivo y de exigencia máximo.
En el global creo que el Madrid está un peldaño por encima; el que marca su solidez defensiva, cimentada en una pareja de centrales fuera del alcance de los bávaros (quizá su mayor debe). En los demás contextos futbolísticos creo que ambos equipos caminan parejos, muy similares conceptualmente en algunos puestos –principalmente en sus extremos, y también en los medios llegadores a área-, y diferentes en otros; sobre todo en la posición de delantero centro, dónde en un equipo predomina el punta móvil y generador de juego (Benzema y, en menor media Higuaín), en el otro lo hace el islote y finalizador fuerte (Mario Gómez).
En cualquier caso, preveo una eliminatoria igualada en la que los detalles la decantarán hacía uno u otro lado. ¡Toma topicazo para acabar un análisis!

CHELSEA-FC BARCELONA
Todavía tengo en la memoria los grandes momentos que nos han regalado Chelsea y Barsa en la historia reciente de la competición. Batallas épicas entre dos equipos con conceptos antagónicos; mientras que los londinenses, con Mourinho en su banquillo, hacían apología del fútbol más físico y contragolpeador que recuerdo; el Barcelona, fiel a su idiosincrasia -exaltada más si cabe desde la llegada de Rijkaard y la continuación mejorada de Pep - les buscaban las cosquillas desde la conservación infinita del balón.
Ronaldinho primero, e Iniesta después, dejaron su nombre grabado en oro en Stamford Bridge y cerraron las puertas a un equipo que cada vez que quedaba apeado pensaba haber perdido la última oportunidad de sus vidas. Pues bien, el Chelsea llama nuevamente a las puertas de una final europea, pero esta vez, al contrario que las anteriores, desde una inferioridad manifiesta.
Y es que, a pesar de la llegada de savia nueva como Mata o Torres, el equipo es más débil que hace años. Las botas de Drogba, Lampard, Essien, Terry o Malouda caminaban más ligeras antaño en aquellos contragolpes de vértigo que mis ojos nunca han vuelto a ver. Y sufrirán, y mucho, ante el arte culé de mover la pelota de forma embelesadora.
Los de Guardiola, criados en la némesis del fútbol de contragolpe, reservan sus mejores galas para citas como esta. Por ello los considero netamente favoritos, pese a la fuerza y la competitividad de un equipo cuya historia y fútbol reciente no debe llevarnos a engaño. El Chelsea es un buen equipo, perdón, un gran equipo, pero está muy lejos de aquella apisonadora que construyó Mourinho no hace mucho.

3 de abril de 2012

BARCELONA-MILAN (3-1): GLORIA SIN BRILLO

Vuelta de Cuartos de Champions; ambiente de gala en un Cam Nou acostumbrado a las grandes noches; rival de renombre; eliminatoria abierta (empate sin goles en la ida de San Siro); y 90 minutos de emoción y fútbol, sólo fútbol, por delante. Las expectativas eran altísimas, quizá exageradas.
¿Qué falló? Puede que los azulgrana nos hallan malacostumbrado frecuentemente e las noches de smoking y fútbol de salón, o que el nombre del Milan nos reporte a aquellos majestuosos equipos de Arrigo Sacchi o al más reciente Milan de Pirlo, Sheva, Kaká y compañía. También ver a Seedorf en el once  anima a cualquiera, o la sed de venganza de Ibra… Pero nada más lejos de la realidad: este Milan es una versión infinitamente menor, y su fútbol llega hasta dónde llega, muy lejos de un Barcelona que pareció no pisar a fondo el acelerador.
Sólo lo hizo al comienzo del partido, queriendo dejar las cosas claras a los italianos y evitando cualquier lugar al azar, tan del lado habitualmente de los italianos. Por ello, el primer cuarto de hora azulgrana fue tremendamente vivo y exigente, demasiado para un grupo de treintañeros como el italiano, que vio como era incapaz de contener el caudal de fútbol ofensivo que llegaba de las botas de Xavi, Messi, Cesc y compañía. Con dos extremos (Alves y Cuenca) fijando los más de 60 metros de anchura del césped; y con el remolino habitual de jugones por dentro, el mediocampo rossoneri sucumbía, con la lengua fuera, al fútbol culé.
Además, con posesión de balón se mostraban igual de romos y lentos de reflejos que defensivamente. Como demostró Mèxes en un error impropio de central milanista; dudó en la salida de balón, cediendo ante el empuje y velocidad de Messi, y la consecuencia final de semejante yerro fue, tras un cúmulo de rechaces, el inocente penalti de Antonini sobre el rosarino. Primer gol y una sensación de superioridad abrumadora por parte de los de Guardiola.
Con el gol llegó cierta relajación, una sensación de deberes hechos y cierto acomodo local que benefició al conjunto de Allegri. Un equipo con una calidad incuestionable en posiciones delanteras, especialmente en las botas de Ibrahimovic y Robinho, quiénes conectaron en una de esas jugadas esporádicas que a veces rezuman, encontrando en zona de finalización a Nocerino, quuién batió en el mano a mano a Valdés.
Ese empate a goles clasificaba al Milan, pero su propio demérito volvió a agitar al Barcelona, que además se encontró con un nuevo penalti. Nesta, el otrora mejor central del mundo –muy lejos hoy de aquellos días-, dio motivos más que suficientes para la señalización del mismo. De nuevo Messi se hizo cargo de su ejecución, esta vez al lado contrario, y el 2-1 subía al marcador, con el que se llegaría al descanso.
En la reanudación apenas cambió el panorama. Iniesta, tras rechazo a tiro de Messi, puso el tercero de forma brillante en el marcador: un ‘unodos’ control-tiro, izquierda para orientar y derecha para definir, puro Iniesta… Pura magia, y sin eliminatoria.
El devenir de partido fue un consumo insulso de minutos hasta llegar al 90. El Barcelona relajado, ya con el frac en el armario para mejores citas, y con un Milan haciendo un ejercicio asombroso de depredación futbolística; con Ambrosini como eje, dónde hace no mucho Pirlo aleccionaba al mundo; y sin ideas más allá de desplazamientos en largo hacía la figura de Ibra. Demasiado poco como para asustar a los de Guardiola.
Así, el Barcelona alcanzaba de nuevo sus quintas semis de Champions definitivas, de nuevo la gloria para el Pep Team… Pero esta vez llegaba sin el brillo habitual, atenuado por el fútbol gris de un Milan venido a menos. Una pena, pero es sólo un fiel reflejo del panorama futbolístico europeo.


28 de marzo de 2012

MILAN-BARCELONA: LA PREVIA

Huele a Champions. Olvidado ya el bodrio de ayer de Nicosia, donde el Madrid hizo los deberes, hoy se juega en San Siro un clásico de competición europea. Dos clubes históricos e importantes del Viejo Continente se ven las caras en esta eliminatoria de cuartos de final, condicionada por las bajas de los italianos (especialmente alarmante la de T. Silva), y el lógico y razonable favoritismo de los de Guardiola. El primer envite, hoy en Milán, arroja ya varias incógnitas y lecturas al mismo:
-          OFENSIVAMENTE: Dos modos de entender el juego contrapuestos. Mientras los culés buscan ese desorden organizado que permite multitud de vías de pase y asociaciones, los milanistas se organizan desde la pausa y el orden, con desdoblamientos puntuales en medio campo, y la reiterada búsqueda en largo a Zlatan. Desde los pies del sueco proceden las acciones más peligrosas y agresivas en el ataque rossoneri. Él se para, detiene el tiempo y analiza todo el movimiento que generan sus compañeros; si es mucho, hay peligro; si hay poco, él se encargara de sacar algo de la chistera.

-          DEFENSIVAMENTE: Obviamente el orden defensivo depende de las secuencias de ataque de ambos equipos. Mientras que el Milan espera muy organizado (porque su juego lineal en ataque apenas los descoloca), el Barcelona es un conjunto que muchas veces defiende al límite, con una presión exagerada tras pérdida. Pongamos un ejemplo al respecto: si el lateral derecho del Barcelona (Alves) pierde balón cerca de área rival en una de sus numerosísimas incursiones, su acción inmediata será imposibilitar una salida limpia del Milan desde la defensa, nunca volver a su posición de origen. Ésta no importa, la presión es prioritaria y básica en el estilo defensivo culé. Por el contrario, el lateral derecho rossoneri (Bonera) apenas se incorporará al ataque, pero si lo hace, en su subconsciente siempre estará recuperar su hábitat defensivo.
Entendido esto, es fácil intuir que el Barcelona embotellará en repetidas ocasiones a su rival alrededor del área, y éstos bascularán sin ruborizarse de un lado a otro. Así hasta pérdida, entonces será cuando los milanistas traten de montar el contragolpe, y los barcelonistas de evitarlo cortando rápido el juego. Juego defensivo supeditado al talento y estilo ofensivo.

-          BAJAS: Hace tanto que el Barcelona perdió a Villa, que casi nos hemos olvidado del asturiano, pero no hay que olvidar que es una sensibilísima baja para los catalanes, que pierden a su segundo goleador (tras Messi). La baja de Abidal es igualmente notable, además de demoledora en el plano personal, y trascendental desde el momento en que su suplente Adriano cayó también lesionado. En cualquier caso, Puyol –quien vale para un roto y un descosido- da suficientes garantías como para paliar tales imprevistos.
Más importantes son, si cabe, las bajas de los de Allegri, que perdieron hace tiempo a Cassano, y tampoco disponen de Abaté, Pato, Van Bommel y Thiago Silva. Sobre todas ellas, la del defensor brasileño es crucial. Pues posiblemente estemos hablando del jugador rossoneri más determinante –junto a Ibra-. Del resto, creo que también es crucial la pérdida de Abaté, quién aunque no sea demasiado ortodoxo ni elegante, cumple un papel trabajador dignísimo en este equipo. Su suplente, Bonera, puede sufrir muchísimo hoy con Iniesta. Y la de Van Bommel es otra baja de categoría, pues su fútbol –tan oscuro como necesario para el Milan- está a un nivel que el viejo Ambrosini no alcanza.

-          IBRA vs MESSI: Yo tengo una opinión muy personal y común respecto a ambos: creo que son los 2 jugadores más determinantes del fútbol mundial. Con todos mis respetos para Cristiano Ronaldo, un goleador descomunal, estos dos viven individual y colectivamente en otro nivel.
¿Y por qué Ibra no triunfó en el Barsa? Esta pregunta daría para otra u otras extensas entradas. Simplemente, y yendo al grano, es un jugador diseñado para abarcar todo el fútbol ofensivo de un equipo, tal y como hace en Milán. En Barcelona era incapaz, porque el estilo guardiolesco pide del movimiento y la generación de espacios constante. Tal y como podía hacer Samuel Eto´o, su antítesis futbolística.
En cualquier caso, y dejando un poco de lado ya su etapa barcelonista, vive días de gloria, desplegando quizá el mejor fútbol de su carrera en Milán, donde su adaptación al juego, y la de sus compañeros a él está perfectamente sincronizada. Una simbiosis garantía de éxito.
De Messi poco podemos comentar ya. Simplemente, cuando el partido se atasca, ahí estará él para regalarnos una nueva jugada o un gol de ensueño. Jugador inigualable.

-          PRONÓSTICO: Creo en la victoria culé. Las bajas, aún siendo importantes y notorias en ambos equipos, afectan más a los italianos, pues los de Guardiola disponen de un mecanismo perfectamente engrasado, y un fondo de armario profundo como para sobreponerse a estas adversidades.
Preveo, por tanto, un partido con dos equipos fieles a su estilo, con un Milan adoptando su posición de equipo inferior y acumulando gente tras balón, y con un Barcelona creyente en las conservaciones infinitas de balón.
No creo que ni el factor campo invite a los rossoneri a demasiadas alegrías ofensivas, pero en cualquier caso tiene recursos suficientes (Ibra, Robinho y Boateng es un trío peligrosísimo) como para llevar peligro a la portería de Valdés.
Por parte del Barcelona, además de lo ya comentado, añadir que sus jugadores crecen todavía más en escenarios futbolísticos importantes, como este de San Siro. Por ello espero hoy a un Barsa en su mejor versión.

26 de marzo de 2012

RESUMEN DEL FINDE EN ESPAÑA

El mordisco culé a la ventaja madridista dio un respiro a los más agoreros, quiénes ya temían un nuevo tajazo a los 6 puntos que ahora mismo aventajan a los blancos. Lo cierto es que, analizando el desarrollo de los partidos de ambos equipos, hubo más posibilidades de aumentar que de recortar la diferencia. El Barcelona sufrió para ganar en Mallorca, sobre un césped indigno de Primera División, con 10 hombres durante 35 minutos, y ante un equipo de gran agresividad –siempre bien entendida-. El Madrid, por su parte, vivió un plácido partido ante su público, reconciliándose con el buen juego, y ganando sin despeinarse ante una Real Sociedad timorata e indolente.
Tras esta jornada creo sinceramente que ambos equipos salen reforzados. Los líderes por conservar su diferencia (más que suficiente a estas alturas de temporada), y los perseguidores por sacar adelante un partido complicado y tremendamente atascado; lo que se entiende por victoria moral.
Además, en este breve análisis de ambos partidos, me gustaría reseñar la labor de Iniesta y Messi en la victoria culé. Tras la expulsión de Thiago el Mallorca creció en su fútbol, más a base de corazón que de cabeza, y llegó a asfixiar al Barcelona. Pero hubo dos tipos, en ese momento, que vieron como sus compañeros necesitaban buenas dosis de oxígeno, pausas al asedio, minutos de relax en la batalla. Messi e Iniesta se erigieron, entonces, en unos aliados importantísimos para la victoria culé. Trabajando defensivamente e inyectando morfina al balón cada vez que lo recibían, no necesitaron ni tan siquiera del movimiento de sus compañeros, sus recursos ilimitados les bastaban y sobraban para congelar el partido, para deshacerse de sus rivales, e incluso para crear peligro en la portería de Aouate. Además dejaron en la retina alguna asociación entre ellos auténticamente deliciosa. Puro delicatesen, fútbol de dibujos animados.
En otro orden de cosas, la otra liga, es decir aquella que engloba a los 18 equipos restantes, está tremendamente competida. Por arriba, en la lucha por plaza Champions, el Valencia se desinfló en Getafe dejando además síntomas de flaqueza serios y preocupantes, y a Unai Emery en entre dicho ante las voces que hablan de fin de ciclo o de renovación urgente de proyecto. Una dinámica antagónica a la que atraviesan equipos como Osasuna o Málaga; los primeros espoleados por un técnico y una afición que son pura garra, carácter y disciplina; mientras que a los malacitanos la calidad de su plantilla les está poniendo en su sitio, a lo que ayuda la dirección de un entrenador cabal y aliado del buen fútbol (visto lo visto quizá sea demasiada rémora para valer en la Casa Blanca).
Uno de esos aspirantes a Champions era precisamente el Athletic de Bilbao, que está conociendo en estas últimas jornadas las consecuencias del enorme desgaste de partidos que llevan en las piernas. Un cansancio lógico, pero no por ellos menos preocupante, más ahora que se deben jugar las fases y partidos decisivos de la temporada. Un bajón acuciante podría dejar a los bilbaínos sin títulos ni plaza europea; un castigo demasiado grande a una temporada brillante de fútbol.
En la misma línea que los vizcaínos se encuentra el Atlético de Madrid, pero no creo que el bajón de estos sea físico. Simplemente pienso que nunca han estado a un nivel –global- óptimo como para poder aspirar a Champions. La calidad y extraordinario momento de los dos de arriba, más de Adrián que de Falcao, ilusiona a cualquiera…, pero el equipo carece de mecanismos y alternativas suficientes como para sobreponerse a un mal partido de éstos.
Por abajo todos los que ocupan zona de descenso necesitan de hazañas para coger aire, para creer en algo. Y a eso mismo se está agarrando el Zaragoza de Manolo Jiménez, y sí, de Manolo Jiménez, porque este equipo empieza a respirar de la mano de un técnico que ha insuflado optimismo y realismo a partes iguales; optimismo para creer en un Zaragoza de primera, realismo para enseñar el norte a sus jugadores, ciertos valores que habían dejado de lado esta temporada.
La del Sporting fue una hazaña menor, porque ya casi ni vale todo lo no sea sumar de tres en tres. Algo extrapolable también al Racing. O espabilan o darán con sus huesos en Segunda.